Meijin


Meijin en japonés quiere decir virtuoso y eso es lo que resume mi sentimiento frente a nuestra` experiencia en Tokyo. Descubrí una ciudad habitada por virtuosos, es decir, personas llenas de virtudes maravillosas, dignas de admirar y de imitar. Conocimos varios sectores de la ciudad, desde el mercado de pescado hasta sus sofisticadas calles comerciales que nada tienen que envidiarle a los Champs Elysees en Paris; experimentamos su comida y claro, no podíamos dejar de ir al famoso Shibuya Crossing, una congestionada intersección de calles en la que cientos de vehículos y peatones cruzan cuando les corresponde su turno. Los jardines de la ciudad son hermosos y aunque no pudimos ver los arboles florecidos logramos imaginarlos y este pensamiento nos llevo a pensar que debemos regresar en primavera, ¡espero lo podamos hacer pronto!

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Fuimos a un maravilloso parque de diversiones en el que montamos en la mejor montaña rusa que he montado en mi vida y en el que jugamos con Guadalupe y Manu en un mundo para niños absolutamente espectacular. En pocos días hicimos un poco de todo, desafortunadamente en un “modo rápido” por la limitante de 15 días de visa que teníamos y la decisión que tomamos de darle más tiempo a Kyoto  que a Tokyo. Nos hizo falta y guardo en mi corazón la esperanza de volver…

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Quisiera en este blog resaltar cinco de las virtudes que pude ver con claridad y de manera sistemática en nuestro pasó por esta fascinante ciudad.

Orden

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Lo primero que llama la atención es el orden. Todo es ordenado e impecable. En las calles no se ve absolutamente nada de basura y lo que resulta más sorprendente es que no hay canecas en el espacio público. Esto significa que cada quien guarda su basura y luego en su casa la bota. Nunca, en ninguna parte del mundo había visto un sistema como este en el que el aseo de la ciudad es “tercerizado” a los ciudadanos.

Las estaciones de los metros también son impecables y el servicio es absolutamente puntual. Los baños públicos que sistemáticamente en todos los paises son desagradables y sucios, acá brillaban por su limpieza. ¡Entrar a un baño en una estación del metro en tokyo es apenas comparable con entrar a un baño en un muy buen hotel!

Todo funciona como un relojito suizo y se siente que hay un método para todo que permite que todo opere a la perfección.

Servicio

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Todo el mundo tiene una actitud de servicio que nos dejó perplejos. Si bien es cierto que muchos hablan inglés, hay también otros que no lo hacen pero esto no es  obstáculo para ayudar a personas como nosotros, quienes armados de un Google translate y el lenguaje universal de las señas, pedíamos ayuda para encontrar nuestro próximo destino o para hacer una pregunta. La gente se salía de su zona de confort para ayudarnos. Por ejemplo, en el Fish Market estábamos buscando un local en el que vendían sushi que estaba recomendado por varias guías. En una de tantas calles pregunte a una mujer que estaba vendiendo melones si conocía el restaurante. No hablaba inglés, pero se hizo entender con señas; pero esto no le bastó: dejó su local, y casi que de la mano nos llevó hasta la puerta del restaurante que estaba a poco menos de dos cuadras. ¡Dejó su negocio desatendido por ayudarnos! Varias veces nos pasó esto y ¿como agradecerlo?, en nuestro caso con seis sonrisas y un “arigato” (gracias en japonés) que nos salía del alma y al unísono a los 5. Guadalupe repetía después de nosotros “aagato” con su media lengua que nos tiene cautivados.

En todas partes lo reciben a uno con una venía, como queriendo decir: estoy a sus órdenes y se despiden de igual manera para enfatizar que “ha sido un gusto servirles”. En los restaurantes el servicio es casi una ceremonia.

Respeto

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Quedamos descrestados con el espíritu de respeto por el otro que se vive en esta ciudad. Ni en los metros ni en las estaciones se habla por celular para no hacer ruido. Eso sí, todo el mundo está conectado y texteando, pero sin molestar a quienes están a su lado. Nos sorprendió caminar por Ginza, una exclusiva zona comercial y ver a tantas personas en la calle pero sin escuchar casi nada. Un silencio casi surreal en medio de tantas personas. Además, las vías estaban habilitadas solo para peatones lo que hacía que no hubiera el habitual ruido de los carros de las grandes ciudades.Un poco más adelante, cuando ya llegamos al hermoso edificio del Tokyo Station para comprar las boletas del tren bala o el Shinkansen para Kyoto ya había tráfico vehicular, pero nadie pitaba.

Si alguien se siente mal o si tiene algún virus, se pone un tapabocas. Es normal ver a personas que preocupadas por no contagiar a otros, acuden a este método. En fin, un ambiente de respeto digno de admirar.

Disciplina

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En cada detalle se siente que esta gente es muy disciplinada. Llevan en su cultura una disposición natural para seguir los métodos que se han definido para todo. Esta disciplina es quizás la virtud que hace que las otras virtudes sean posibles y sostenibles en el tiempo. Hay un compromiso colectivo de querer ser virtuosos y todo el mundo actúa con convicción para poner su grano de arena para este sistema funcione.

Mucho de esto se siembra en los niños desde pequeños en los colegios. Es más importante enseñar esto a los niños que otras cosas que en nuestros países creemos que nos hacen más inteligentes o más preparados. Comparto este video que vi que muestra cual es la filosofía de educación para los niños pequeños en el Japón.

https://www.facebook.com/CulturaColectiv/videos/1307894312554813/

 

Shibui

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Shibui (渋い) (adjective), shibumi (渋み) (noun), or shibusa (渋さ) (noun) are Japanese words which refer to a particular aesthetic of simple, subtle, and unobtrusive beauty. Like other Japanese aesthetic terms, such as iki and wabi-sabi, shibui can apply to a wide variety of subjects, not just art or fashion.

Esta palabra no existe ni en ingles ni en español. La busqué y la consulté con varias personas afines al diseño y nadie la encontró. Agradezco a mi gran amigo Juan Fernando Santos quien me dijo que esa palabra que buscaba, coincidencialmente, ¡sólo la conocía en Japonés!

¡Que gusto el de esta gente! Todo es hermoso. ¡Shibui! . Cada tienda es un espectáculo y la manera como exhiben los productos es absolutamente poética. Quisiera resaltar la hermosa librería T-site que se robo nuestra admiración por su belleza. Tenía quizás el café más hermoso que conozco, donde pagamos 7 dólares por un tinto pero definitivamente valió la pena sólo por estar en un lugar tan hermoso y vivir la experiencia. También me impactó una papelería de 8 pisos en Ginza, de la que no recuerdo su nombre, en donde todo era simplemente perfecto.

En fin, estos días en Tokyo fueron una muestra absolutamente clara de que lo que enseñó o trato de transmitir con mi conferencia y programas de virtuoso es posible aplicarlo hasta para una ciudad y un país. Una lección fascinante que quería compartir con todos.

Termino compartiendo que el domingo que estuvimos en Tokyo buscamos una iglesia para poder ir a misa. Encontramos una no lejos de donde nos estábamos quedando. Llegamos y nos acogieron con cariño. Al final de la misa, un hombre de Nigeria se acercó para hablarnos y darnos la bienvenida. Entablamos un corto diálogo y al final le regalamos un rosario que traíamos desde Bogotá. Quedo muy agradecido. Al terminar nuestra conversación, mi esposa Pilar le dice:

– By the way, I am Pilar and this is my husband Felipe.

A lo que el contesto:

– Very nice to meet you, my name is Virtuous.

¡Nuestro nuevo amigo en Tokyo se llamaba “Virtuoso”!

Un abrazo,

Felipe.

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