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Si tus sueños no te asustan, ¡Son muy pequeños!


Aquello que soñemos tiene que hacernos sentir desafiados y al pensar en el sueño realizado tenemos que sentir un profundo orgullo. John F. Kennedy en su famoso discurso en la Universidad de Rice en Houston, Texas el 12 de Septiembre de 1962 dijo sobre su ambición de llegar a la luna en los siguientes 10 años:

“ …Quienes nos precedieron se aseguraron de que este país estuviera a la cabeza de la revolución industrial, a la cabeza de las invenciones modernas y a la cabeza de la energía nuclear, y esta generación no pretende quedarse atrás en la nueva era del espacio. Queremos ser parte de ella, queremos liderarla. Porque los ojos del mundo ahora dirigen su mirada al espacio, a la luna y a los planetas que hay más allá, hemos prometido que no lo veremos gobernado por una bandera de conquista hostil, sino por un estandarte de libertad y paz. Hemos prometido que no veremos un espacio repleto de armas de destrucción masiva, sino de instrumentos de conocimiento y comprensión.

     Sin embargo, las promesas de esta Nación solo se pueden cumplir si esta Nación es la primera, y por lo tanto, pretendemos ser los primeros. En resumen, nuestro liderazgo en la ciencia y la industria, nuestras esperanzas de paz y seguridad, nuestras obligaciones para con nosotros mismos y los demás, nos obligan a hacer este esfuerzo para resolver estos misterios, para resolverlos por el bien de la humanidad y para convertirnos en la nación líder del mundo en el espacio.

     Zarpamos en este nuevo mar porque hay nuevos conocimientos que adquirir, nuevos derechos que ganar, los cuales se deben adquirir y usar para el progreso de todas las personas. Porque la ciencia espacial, al igual que la ciencia nuclear y toda la tecnología, no tiene su propia conciencia. Si se convertirá en una fuerza para bien o para mal depende del hombre, y solo si los Estados Unidos ocupan una posición de supremacía podremos ayudar a decidir si este nuevo océano será un mar de paz o un nuevo teatro de guerra aterrador. No estoy diciendo que debemos estar o estaremos más desprotegidos contra el mal uso hostil del espacio de lo que lo estamos contra el uso hostil de la tierra o el mar, sino que afirmo que el espacio se puede explorar y conquistar sin alimentar el fuego de la guerra, sin repetir los errores que el hombre ha cometido al expandirse por todo el mundo.

     Todavía no hay enfrentamientos, prejuicios ni conflictos entre naciones en el espacio exterior. Sus peligros son hostiles para todos nosotros. Su conquista merece lo mejor de toda la humanidad, y es posible que la oportunidad de una cooperación pacífica nunca se repita. Pero, ¿por qué, dicen algunos, la luna? ¿Por qué elegirla como nuestro objetivo? Y podrían también preguntar perfectamente, ¿por qué escalar la montaña más alta? ¿Por qué hace 35 años sobrevolamos el Atlántico? ¿Por qué Rice juega en Texas?

     Hemos decidido ir a la luna. Elegimos ir a la luna en esta década y hacer lo demás, no porque sean metas fáciles, sino porque son difíciles, porque ese desafío servirá para organizar y medir lo mejor de nuestras energías y habilidades, porque ese desafío es un desafío que estamos dispuestos a aceptar, uno que no queremos posponer, y uno que intentaremos ganar, al igual que los otros.”

Lo dijo con claridad Kennedy, “…Elegimos ir a la luna en esta década y hacer lo demás, no porque sean metas fáciles, sino porque son difíciles, porque ese desafío servirá para organizar y medir lo mejor de nuestras energías y habilidades…” .

De igual manera, en 1976 Steve Jobs y su socio Steve Wozniak trabajando desde el garaje de la casa de sus padres tenían claro su sueño. Ellos querían computadores al alcance de todas las personas. Viéndolo hoy suena como un sueño alcanzable, pero en 1976 los computadores eran aparatosos equipos que ocupaban mucho espacio físico y costaban una fortuna. Tener el sueño de poner un aparato de esos en las manos de personas del común de manera masiva era sin duda un sueño grande, un sueño difícil.

Por tanto, es importante que nuestras metas y nuestros objetivos no sean fáciles y que sean sueños y proyectos que nos sirvan para organizar y medir lo mejor de nuestras energías y habilidades. Bien lo dice Richard Branson, emprendedor serial, fundador de Virgin: “Si tus sueños no te asustan, es por que son muy pequeños”.

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